El fin de semana en la casita rural "Elizaldeko Borda" en Navarra estuvo genial, la iniciativa de la Primera Edición del "Ludic Weekend" tuvo el éxito que esperabamos, y nos hartamos a jugar a todo lo habido y por haber:
Mi diana electrónica tuvo mucho éxito, con su graciosa voz mejicana. Iker tuvo la genial idea de llevar la PlayStation y nos viciamos al Eye Toy, teníais que vernos pegando manotazos al aire, que risas... El siempre socorrido Risk también proporcionado por Iker nos mantuvo concentrados hora tras hora, atacando y defendiendo nuestros territorios, corría la sangre a destajo por el globo terráqueo. Añadan muchos más juegos: el Uno, el Intelect, incluso el Trivial Pursuit para expertos en Disney que no tuvo el éxito que a Josu le hubiese gustado.
También nos dimos nuestros paseitos por el monte, sí, sí, pero PASEOS, como le gusta a Dani. Recolectamos gran cantidad de castañas, aunque eran grandes no estaban tan buenas como esperábamos. Aprovechamos a tope la barbacoa...
Pero claro, siempre nos tiene que ocurrir alguna aventura, como no. Y la de este fin de semana promete muchas molestias y quebraderos de cabeza, además de un importante gasto, os cuento:
Resulta que como viene siendo habitual en nuestras últimas reuniones Dani decidió llevar su amada cachimba que adquirió en su reciente visita a Tanger. Deseosos de degustar el nuevo tabaco sabor naranja (y algún aditivo amablemente proporcionado por Oskar) enseguida la encendimos y empezamos a darle caña. Pero la peña había bebido un pelín (¡faltaría más!) y Josu tropezó con tan mala suerte que la cachimba cayó sobre el inmaculado suelo de madera de nuestra casita rural. A pesar de que rápidamente nos lanzamos a recoger las ascuas, la pastillita de marrás ya había dejado marcas negruzcas muy ostensibles en el suelo.
Y a partir de ahí (ocurrió la primera noche) ya tuvimos tema de conversación y dolor de cabeza para todo el finde: ¿Qué hacemos? ¿Se lo decimos a la señora de la casa rural? ¿No le decimos nada, nos hacemos los suecos, y a ver si no lo ven? (Cosa muy poco probable, ya que las quemaduras cantaban desde lejos). Os aseguro que hablamos muuuuchooo de qué hacer, pero al final se decidió no decir ni mú y ver como evolucionaba el tema.
Así que el Domingo como la señora de la casa no podía venir a despedirnos (sus compromisos tendría) vino su hijo, y ni siquiera echó un corto vistazo a la casa, por lo que nos fuimos con la esperanza de que el asunto quedaría en una mera anécdota. Pero por supuesto, no fue así...
El Lunes el móvil de Dani no paraba de sonar, por supuesto llamaba Mª José, la dueña de la casa. Como Dani es el que alquiló la casa, pagó el adelanto, dejo su número de teléfono... pos se ve que a Dani le iba a tocar comerse el marrón y hablar con la señora. Pero Dani no tenía ni pizca de ganas, estaba un poco acojonao y no sabía que podría decirle a la señora. Ese acojono hizo que pasara de las llamadas durante todo el Lunes, intentando reunir el valor para llamarle el Martes, y pensando con mucho cuidado que iba a decirle.
Así que por fin el Martes reuní el valor y con temblores en mis manos marqué el número de la pobre señora. Resulta que la señora al no poder ponerse en contacto conmigo durante todo el Lunes había acabado llevando el tema al juzgado.
Así que ya lo ven, ahora estamos esperando una denuncia por unas quemaduras inflingidas en el inmaculado suelo de madera de una casa rural, no sé como evolucionará este follón, les iré informando.
No obstante, apúntense la moraleja de esta larga historia: las cachimbas son peligrosas. Y si meten la pata... no sean cobardes y reconozcanlo, sino las cosas pueden complicarse muy mucho. A nosotros nos está costando un buen disgusto aprender la lección, a ustedes se la damos de regalo, aprovéchenla.
Hasta el próximo post, queridos lectores.















